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Full text of "Jornadas; poesías [de] J. Freire Silvar. Con palabras de Pedro Larrión"

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. 




JORNADAS 



ES PROPIEDAD 



J. FREIRÉ SILVAK 



dORNADAS 



POESÍAS 



Con palabras de Pedro Larrión 



MONTEVIDEO 
1919 



ETERNIDAD 



i: Hay alp pe vive eterno y pe nota sobre 
el carácter de los Hombres: el carácter sublime 
ilel artista. 

1: E1 arte es el éter de las almas inertes. 

:, De las almas gemelas en el sentir es la 
victoria". (D 

J. FREIRÉ SILVAR. 



Eternidad a medias, que nace con el hombre y vive sin él, 
pero eternidad no por eso menos hermosa. 

Como nace un hilo de plata en el resquicio de una peña, 
nace el arte en las almas grandes. También las almas tie- 
nen sus resquicios como las montañas y sus grietas como las 
rocas, abismes en cuyo fondo viven pasiones, picos gigan- 
tes, casi inaccesibles, que rasgan el cielo con su cabeza er- 
guida, llena de nobles ideales. 

En un paso abrupto, sinuoso, difícil, sombreado por una 
obscuridad jamás iluminada, se siente a veces el run-run 
de algo que vive ignorado. Es el manantial de un senti- 
miento nuevo. Xace humilde y débil del seno granítico de 
la roca, que lo engendró. en una noche de arrullos salvajes, 
en que el viento la arrancaba girones a besos y la lluvia la 
fecundaba con su savia poderosa. 

Adornan su cuna bouquets gigantescos, que tejen las ha- 
yas y los robles; y los setos se despojan de su hojarasca y 
ias flore, de sus pétalos, para cubrir con ellos el débil cuer- 
po del recién nacido. Se oyen sus gemidos resonar con es- 
casas intermitencias. Su llanto tenue, de niño que llora, 
porque todavía no sabe reir. lo invade todo. Surje luego el 
hilo de plata, arrastrándose como un fugitivo temeroso y 
borda, en los bruscos declives de la montaña, caprichosas 
figuras de indefinidas líneas, aristas colosales, gláciles cur- 
vas. Es la gratitud del hijo emancipado, que regala a su 
madre la tierra con galas por él tejidas. 



[1] Este pensamiento, dedicado a un amigo, sugirió al poeta Pedro Larrión del Arco el presente inspi- 
radísimo artículo; que, en cierto aspecto, constituye la semblanza espiritual del autor ds estas poesías. 



Párase de pronto ante un obstáculo invencible. VA agua, 
ai principio clara, bonica suavemente el pie de aquella ba- 
rrera infranqueable y besa cod dulzura sus macizos arran- 
ques, como hembra humillada que apela a las caricias pa- 
ra vencar la tría altivez del macho. Luego se enturbia y. en 
remolino furioso, arremete en empuje mil veces repetido y 
otras tantas rechazado. 

El hilo de plata aporta, sin cesar, fuerzas vitales que ro- 
bustecen aquella furia estancada; el espejo purísimo (pie el 
agua formó, se viste de espuma y en su seno viven los; pe- 
ces y en sus orillas aplacan su sed las blancas palomas. 

Un día, el esfuerzo indomable del arroyo, le hace saltar 
por cima de aquella mole pétrea ; y la espuma, al coronar la 
íojiza cabeza del tirano, se agita y se resiste y por fin cae. 
con estruendo de muerte, en aquel abismo inmenso, que 
tiene el infinito azul por horizonte y una verde pradera por 
lecho. 

El hilo de plata, hecho torrente, se desborda en las alturas 
y salpica, con sus aguas purísimas pulverizadas, el azul del 
cielo y el verde de la tierra. Es el llanto nostálgico de su ver- 
tiginosa caída. Por eso, al estrellarse en la concavidad de su 
tumba, susurra melancólicamente: "Hay algo que vive eter- 
no y que flota sobre el carácter de los hombres: el carácter 
sublime del artista". 

Manso, sigiloso, como un titán austero, que ha perdido la 
fe en su fuerza y la busca en su virtud, lame las riberas de 
su cauce y con sus besos engendra flores y con sus brazos 
arranca de raíz troncos seculares. Descubre con impudor 
candoroso las reconditeces misteriosas de sus entrañas y en 
ellas alimenta legiones de seres que prestan nuevos encantos 
a su curso. 

Su brisa fresca lo rodea de un nimbo de maternidad en 
que se cobijan las almas fuertes y sencillas. Es el aliento vir- 
ginal que en oleadas vaporosas sube al cielo, mientras la co- 
rriente canta, con su cantar monótono, las endechas senti- 
mentales de su convicción postrera : "El arte es el éter de las 
almas fuertes". 

('orre el río hacia el mar. En su camino, largo y tortuoso. 



queda el surco profundo de su paso, la estela azul que lleva 
a su nacer humilde, donde hojarasca y ñores fueron el orna- 
to de su cuna. 

En un alarde vano, soberbio el río se crece y se ensancha, 
rompiendo los diques de su lecho, como rompen los suyos 
los Hombres que en la tierra fueron humildes y dejaron de 
serlo. 

.Su influjo bienhechor hace fructificar a los campos: él 
clora las miesss y su contacto reverdece los pensiles que en 
su orilla crecen y en ella han de florecer. 

Pero el rio se desliza siembre, cantando su eterna halada 
de rotas ilusiones, tendiendo a su fin, buscándolo eu la lla- 
nura sin límites de su carrera, deseándolo con bramidos, me- 
losos a veces como un suspiro y a veces ardientes, desgarra- 
dores, como destellos de pasión. 

Y se ve su vagar incierto declinando su voluntad en el 
azar con la naturalidad que un día de estío decdina en otro 
<iia su fuego y sus ardores, mientras la sombra crepuscular 
vela púdicamente con su manto negro las postrimerías de un 
día engendrando a otro. 

¡Se oye a lo lejos la voz enardecida del que espera, contes- 
tando a la tierna balada del (pie llega y el río arrecia en su 
empuje irresistible. Estremécense sus aguas en convulsiones 
de mortal angustia y ábrese paso su cuerpo de titán, corrien- 
do ciego de pasión tras la voz conmovedora de su sangre. . . 

Es la cita augusta de dos almas hermanas nacidas para 
amarse, el abrazo brutal de dos pasiones, el llanto desgarra- 
dor de dos huérfanos que lloran a su madre. 

Precipítase el río en el seno inmenso de su hermano el mar 
y. ante aquella caricia de triunfo, sube a lo alto el incienso 
de su brisa, en vapores cálidos que se ven con los ojos, que 
se aspiran con los labios, que se desean con el alma, mientras 
suenan en la tierra las tiernas endechas de su melancólica 
balada: "De las almas gemelas en el sentir, es la victoria". 



Pedro LARRION. 

Escorial de Madrid. Noviembre 1909. 



Jornadas de juventud. 

de pasión y de desesperanza. 
Jornadas de ansia de eternidad. 

de deseo de perfección moral, 

de peregrinaje espiritual. 

de comunión con el supremo ideal de la Dellexa. 
Jornadas de la gloriosa epopeya humana. 



A mi esposa 

PAULA FRAGA DE FREIRÉ 



¡ ! ; 





DAS 

fW i 

8 




VALORES 



Tenga quienquiera su afecto hacia el oro, 
guste cualquiera la vida y su boato ; 
yo, eu justo medio, guardar sé mi trato 
como el que guarda un inmenso tesoro. 

Ruede a las bolsas el disco sonoro 
con tintineo de espasmo barato ; 
ruede, que siento yo en rodar más grato 
las onzas del alma que tanto avaloro. 

Haga el mal arte del juez la delicia. 
maquine el político, falle la justicia, 
el médico juegue con la enfermedad; 

que yo en la montaña conservo en mi Arca 
los remos, las velas, que equipan mi barca 
que esperan el vuelo de la Eternidad. 



9 — 



EL SONETO 



De la gloria del mundo aquí olvidado, 
quizás del genio soy la luz potente; 
el rayo del amor seré que, ardiente, 
sin hallar conductor duerma ignorado. 

Hoy, de la soledad enamorado, 
en esta altura me dejó un creyente ; 
no temo no de aquí al indiferente, 
irás alto me he de ver aún a su lado. 

Cual fósforo que al aire parpadea, 
la estrofa que señala mi figura, 
al necio turbia, mas, brillante al bueno. 

Soy la amalgama que el poeta emplea 
al modelar su mente la escultura, 
que a golpes talla su fogoso seno. 



11 — 



NO HABER NACIDO PAJARO 



Es claro que a ninguno le interesa 
que, al llegar al oasis de la vida 
pretenda dar reposo a la cabeza 
que lleva un alma por demás vivida. 

Pero no estoy caído, no. que siento 
la lava ardiente que en mis venas corre 
no daré tregua al cazador sediento 
que por bebería el ámbito recorre. 

Mi cuerpo posará sobre una piedra 
pero hacia las regiones eternales 
ascenderá mi alma, cual la hiedra 
se yergue hacia la altura sin puntales. 

Embolo de la vida, sube y baja, 
transportada en alígero Pegaso ; 
y no halla en su carrera más ventaja 
que escanciar la amargura de su vaso. 



— 13 — 



Solo siento en mis ansias infinitas 
no haber nacido pájaro: pues ave 
ú fuera, con las páginas escritas, 
formal ale al pesar cómoda nave. 



Que el Dolor, del poeta es compañero. 
y brilla entre sus sombras más que Sirio 
y haciéndole sentir, es el primero, 

que la palma del vate es de martirio. 



No haber nacido ave, y en un vuelo 
lanzarme a las regiones más remotas; 
y arrancar al Misterio, de este suelo, 
las leyendas pretéritas e ignotas. 



Y sembrar la semilla bienhechora, 
del alma humana hasta lo más profundo ; 
que diera a la esperanza redentora 
vida otra vez sobre la faz del mundo. 



Y de Moisés, Platón y Jesucristo 
eclipsara la gloria mi deseo; 
que como estoy seguro de que existo 
la igualdad de los hombres en mí veo. 



— 14 — 



No haber nacido pájaro; que, luego. 
de inspirarme en la gran Naturaleza, 
sintiendo en las entrañas su alto fuego, 
entonara radiante marsellesa. 

Y aunque sé que a ninguno le vá nada. 
mi rebelde expresión y mi congoja 
en la lucha vital del alma airada, 
es de la espada la cortante hoja. 



— 15 — 



FE 



Cual roca solitaria del mar hondo 
que al serenarse el huracán, erguida, 
alza su pico reclamando vida, 
así mis versos surgirán del fondo. 

Dentro del pecho lo que tanto escondo, 
no sé si gala o vanidosa herida, 
pujante hoy rasga prevención mentida 
y al centro de la luz vira en redondo. 

Con airada expresión la fé me alienta 
y confiando en los plomos de la Imprenta 
el vate dá a la vida su embeleso. 

Perdón, si cual tributo de victoria 
estampara en la frente de la gloria, 
de amor terreno, un ardoroso beso. 



— 17 — 



HERIDO 



Es mi temperamento tas curioso 
que se solaza cuando lo han herido ; 
y en vez de ser su voz, débil quejido, 
es la grata expresión del alborozo. 

Cada llaga que guarda, es el glorioso 
retazo de la vida que ha vivido ; 
la que si para algunos es olvido, 
para mi humana obra, es un esbozo. 

Como es su fé la que orgulloso ostenta, 
la vanidad del nombre en poco cuenta, 
devolviendo si puede, bien por mal. 

Y si a golpes transita por la vida, 
sigue al golpe la luz; así mi herida 
tiene la esplendidez del pedernal. 



— 19 



LA VISION DEL POETA 



Abiertas las cortinas del Oriente 
Las dulces aves su venir saludan 
Al rubio Febo, que en su carro de oro 
De la tierra, amedrenta la penumbra; 

Y en ella esparce sus dorados rayos 
Dándole vida por doquier la cubran. 
Las graciosas nereidas, de las aguas 
Del arroyo, se vuelven una a una 

Y en sensual desperezo se abandonan 
De la orilla del mar en las espumas. 
Atónito al mirar tanta grandeza 
Me convidó la arena en sn blancura, 

Y en ella descansé, cual en un lecho 
Pudiera hacerlo de mullida pluma. 
Entonces la visión que me persigue, 
Llenando el pecho de mortal tortura, 
Cuando el insomnio mis pupilas abre 
Al frenético son de la locura, 

Con el ropaje de vestal divina 

Y en la aureola de brillante bruma 
Vino hasta mi sonándome sublime 
La música de un arpa con dulzura : 



— 21 



"Triste poeta que coh tu lira, 
Errante canias, a quien suspira 

Su laigo duelo, 

Mientras el ciclo 
Juega engañoso con tu pasión 

Oye mi voz; 
\ engo al llamado de la esperanza 
Porque del cielo ya la venganza 
Que lastimaba tu orgullo vano 
Hoy bondadoso. El soberano, 

Te perdonó. 

"Sigue virtuoso por la ardua senda, 
Que allí sentado, quien te comprenda 

Será a tu lado 

Báculo amado 
Que al peregrino dá su vigor, 

Será el amor. 
Y él de la orilla de aquel camino 
Cogerá flores de olor tan fino 
Que la memoria de lo pasado 
Será aquel cielo que ha disipado 

Fuerte aquilón. 

"Canta si quieres, tierno poeta, 
De amor sagrado tan honda veta 

Con noble verso, 

Que el universo 
Si tu lo empeñas con alto honor 

Te hará señor; 
Quizás la Fama, de los vergeles 
Que el cielo guarda, pondrá laureles 
¡Sobre la frente de la que* ama 
El que su trompa feliz proclama 

"Este triunfó". 



22 — 



Así que las notas se fueron perdiendo 

Cesado el cantar, 
Aquella fantasma metióse en las brumas 

Del día al cerrar; 

Y allí dirigiendo su voz a mi oído 

"Yo soy el amor, 
"Ay, pobre el que suelta su vela a la brisa 
"Que oculta el furor" 

Volví de aquel sueño tan grato al principio 
Tan triste después, 

Y en una sonrisa cubrí mi amargura 

Y al cielo clamé : 

¿Por qué entre las olas del mar de la vida 

Me hiciste bogar, 
Llenando la playa de dulces promesas 

Que no he de alcanzar? 

Y al ver el naufragio que ya me amagaba 

Te alejas de mí 
Diciendo "Es quimera, la bella esperanza 
Que ha poco, te di" 

Descubre si quieres mi negro destino 

Aun tengo valor, 
Yo todo lo sufro, la cruda certeza, 

El engaño, no ! 



— 23 — 



Como en festín sacrilego, ias nubes, 
Llegado el sol a las postreras horas 
Parecen complacerse, sn faz cárdena. 
Crueles cubriendo con tupida sombra; 
El lejano rodar del ronco trueno 
Semeja el portavoz de extraña gloria. 
A trechos, el relámpago dibuja 
Con vigorosa mano que me asombra 
El descarnado espectro de la muerte 
Que en el Poniente lúgubre se asoma. 
Las aguas, que jugaban en la arena 
Mandando sus espumas en las ondas 
A halagar las nereidas, que ya huyeron, 
Vienen y van ante mi pie furiosas. 
Tal se asocia natura a los hechizos 
Que mis visiones gratamente adornan. 



— 24 — 



FALSA VIDA 



Llega la concurrencia con paso mesurado 
a la sala del cine, cual si fuera en un templo; 
madres que con sus hijas van tras de un buen ejemplo 
o de cualquier ingenuo que les dé al fin estado. 

Bate el fiero pianista su trote en el teclado 
que acaba por cansarme del drama que contemplo; 
mientras mis pobres nervios angustioso destemplo, 
la niña se desmaya de pena a nuestro lado. 

Acudo con presteza, aflojóle el justillo. 
más ella en el doncel, me troca, del castillo, 
y me dice muy quedo: "No apretes, por Dios ¡calla!" 

Yo callo ¿quién lo duda? Pero el drama ¿no es eso? 
pues mientras nuestro idilio termina con un beso 
emerge con crudeza de la blanca pantalla. 



— 25 — 



ESTOICO 



Cuando la Noche con sudario frío 
La Tierra envuelve que el reposo anhela; 
Mi espíritu, que insomne siempre vela, 
Se abisma en otro mundo más sombrío. 

Un duelo en su perpetuo desvarío 
Muy grande vive en sí que le desvela, 
Y corre hacia el Amor (pie le consuela. 
Como a la mar ei solitario río. 

Inútil busca la ilusión ansiada. 
Pues al mirar su forma refulgente 
Vuélvese en niebla, y como niebla, en nada. 



Así de este calvario, penitente, 
Voy tranquilo ganando la jornada 
con la rabia en el pecho, y sonriente. 



ENSOÑACIÓN 



En el constante ensueño 

Que me hace ser poeta 
Vá mi genio vagando en otros mundos 
En busca del Amor y la Belleza. 

Y como la barguilla 

Que en la mar juguetea. 
El corazón prosigue en la esperanza 
Bogando en pos de la ilusión que anhela. 

i Tú 1p darás auxilio 

De ese mar. la sirena. 
O según tu costumbre harás traidora 
Mostrar la dicha en que después se pierda?. 



— 20 — 



Cesa tu dulce canto 
Que su ritmo me apena; 
Deja al agua las conchas, que mi lira 
¡Sabrá tu voz acompañar espléndida. 



Y entonces a tu lado, 

Sentado por la arena, 
Arrancaré las notas más sublimes 
Que guarda un alma que el amor consuela ; 



Y las ninfas curiosas, 

Traerán placenteras 
Al ver al triunfo sonreír mi dicha, 
La blanca espuma que las ondas llevan ; 



Y brindará sus ramos 

Florida, la pradera, 
Que aquellas con el vuelo de la danza 
Perfumarán la flor de tu belleza ; 



Y en amor embriagada 

Posarás tu cabeza 
Que beso yo en mis crisis de amargura 
Junto a la mía que el ardor enferma ; 



— 30 



Y dejarán tus labios 

Que en la delicia sueñan, 
Vida feliz a un alma desgraciada, 
Y en mi boca, la miel que ellos contengan. 



En el constante ensueño 
Que me hace ser poeta 
Va anhelando el deseo despertado 
El rico edén que tu beldad presenta. 



— 31 — 



ELEGÍA 



A J. C. Fernández 

en la muerte de su hermano. 



Ignora siempre la tranquila nave 
Si al ciar al viento su moreno lino 
Benigno el tiempo, mostiaráse o grave. 

Así, confiada, parte de contino 
Al vasto mar que su esperanza fía, 
Siempre la tumba abierta en su camino. 



La playa deja que feliz tenía, 
Playa que en alas de aromoso viento 
Hoy último su adiós triste la envía. 

Resguárdala, ¡ oh, Señor ! que el movimiento 
Modere, al arrugar del océano, 
La faz traidora, el Aquilón contento. 



— 33 — 



Si fué que un día la llamaste en vano 
A buscar realizada la Esperanza, 
Pií asa que fué su corazón humano 



Débil, al fin, a quieta bienandanza. 
Las patrias playas la aferraron fuerte 
Do olvidarla la hicieron Tu venganza. 



Más, no la gloria bordará su Suerte 
Cual ha bordado la de aquel que canto. 
Cuya lumbre avivó dura la muerte. 



Duélate, ¡oh. Parca! mi leal quebranto, 
Aun cuando el gozo tus. entrañas llene, 
.Mi dulce ser guardándolo entretanto. 



Advierte que mi pecho no contiene 
Ya aquel suspenso amor que te admiraba, 
Pues solo es el rencor lo que hoy me viene. 



Mi musa que en tu duelo reparaba, 
Con noble inspiración, enternecida, 
A tí, ¡oh, amigo! su consuelo daba. 



— 34 — 



Ella que oyó del Pindó presumida 
Subir la estrofa a los etéreos lares 
Por apócrifos genios de esta vida, 



Al Olimpo ascendió, y en sus altares, 
A Júpiter depuso su secreto 
Do al término acabó con sus pesares; 



Y hoy a cumplimentar su alto decreto 
l^ue afronta sola a la asombrada gente. 
El canto ensalzador será su reto. 



Asaz es la virtud, grande y valiente, 
Por más empuje que la torpe envidia 
Despliegue ante su bien dulce y potente; 



Y es alto galardón si en dura lidia 
Yencer consigue la virtud al dolo, 
Mas. ; siempre triunfa la inmoral perfidia ! 



Grande es su imperio, pues que desde un polo 
Al otro polo por el mundo impera, 
Aunque su ambiente miserable es solo. 



— 35 — 



Eterno el cielo, que es la senda vera. 
Entre laureles de inmortal verdura, 
A aquella acogerá tras su carrera. 



¿Qué más consuelo dar del alma pura 
A quién sin él mirábase olvidado, 

Al (¡nejarle al destino su amargura 7 



Al débil queden, triste, afeminado. 
Del llanto el desahogo pasajero 
Y el mostrarnos su pecho lastimado; 



Y quede en tí perenne el son postrero 
Del criterio mundano que decía 
Viendo en sus juicios un dudoso esmero : 



"Cuando con pasmo su talento vía 
Sereno, humilde, remontar la altura, 
Sintió mi envidia tan mortal pavura 
Que quiso hacer la Noche y le hizo el Día". 



— 36 — 



UN VASO DE CERVEZA. 



Vá se agita en mi vaso, como santo tesoro, 
el filtro de los sátiros de cebada y de alcohol; 
y visiones fantásticas vanamente desfloro 
sin hallar arquetipo que me entalle mejor. 

Una mesa, un amigo, un corazón de oro, 
una idea sublime de moral o de amor; 
una orquesta que irradie con su encanto sonoro 
desde el fondo del pecho un mágico temblor. 

Nada el ente morboso, de su letargo insano, 
— luchando el alto espíritu con asco sobrehumano— 
consigue con su arte vaciar en mi troquel. 

Que este troquel es vaso que Fidias ha esculpido 
y es de mis ambiciones hospitalario nido 
que cobija del alma los polluelos del bien. 



— 37 — 



ELLA 



Dá sus cinco sonoras campanadas 
incansable el reloj. La inhábil mano, 
servil secuaz de mi cerebro vano, 
teje en el block ideas extraviadas. 

El Amor con sus alas perfumadas, 
la Pasión con su impulso soberano, 
el Saber, la Ambición, del ser humano 
espectros son, que esfuman mis miradas. 

En mi vida interior tengo el consuelo 
de que aquella que guarda mi desvelo 
y mi sufrir eternamente espía, 

me recuerda también "que yá es de día"' 
"que se me está poniendo cano el pelo", 
"y, que, en su corazón, no hay agonía*'. 



— 39 — 



MI NUEVA RELIGIÓN 



Vuela, vuela, ambiciosa mente mía, 
vuela, que no hallarás más que dolor; 
vuela, trayendo para el nuevo día 
la nueva religión. 

Dile a los hombres tras tu gira ansiosa 
que has sufrido cual ellos un pesar; 
que al nido vuelves, ave codiciosa, 
huyendo al huracán. 

Las tablas de la ley yá están escritas 
no son las que adoraba nuestra fé 
son las que en sensaciones infinitas 
nos habla nuestro ser. 

Un cadáver no más. fueras ¡ oh, mente ! 
al no darte la vida el corazón; 
fuera Dios un cadáver si viviente 
no lo hiciera el amor. 

Que es, del pecho, la batalla ardiente, 
más grata sensación de su existencia ¡ 
que la pasión que sufre es la evidente 
muestra de su creencia. 

Tanto anduvo mi mente por el mundo 
(pie anhelaba su objeto y lo encontró 
fué en pos de algún consuelo en lo profundo 
y halló su religión ! 



41 



EL DOLOR DE JESÚS 



Vi alzar mística y sola, de Jesús la figura, 
sobre el vasto teatro de mundial anarquía ; 
y revelando ingenua su alma grande y pía 
un gesto contraído me mostró su amargura. 

Soy luz del Universo, soy luz de su cordura. 
soy la luz que dimana la Bondad y Armonía ; 
soy la luz que obscurece a la del propio día. 
soy la luz que el instante del pecador apura. 

Pero no sé encontrar ni la expresión ni el nombre 
de lo que, pobre iluso, a gritos clama el hombre 
para que le enderece su tan torcida suerte, 

Dijo Cristo : y el Gólgota, contestó con sarcasmo 
despertando a los siglos de so letal marasmo: 
— La paz, no es de los hombres ¡ La paz está en la muerte 



— 43 



DRAMA 



Revuelta está la alcoba de infantiles hazañas, 
la alcoba que de ensueños tiernamente decoro ; 
cuando con ansias locas los besos atesoro, 
de mi hijo. que define sus graciosas patrañas. 

Dice la madre al niño: — "Hijo de mis entrañas 
vete a dormir, yá es hora, a tu camita de oro; 
jTJn beso? sí ¿otro más? ¡oh, mi santo tesoro! 
¿que te deje me pides? con tus besos me engañas. 

Te prometo al dormirte, cuando termine el rezo, 
la historia divertida del "Pájaro travieso" 
que huyó de su jaulita pensando en su mamá. 

Y estando aún en la falda el tuno del muchacho 
atento a lo que oía, dijo sin gran empacho : 
— "Eso yo no lo haría, no lo quiere papá". 



— 45 — 



A UNA ESTRELLA ERRANTE 



Cuando te miro desprender del cielo 
Eclipsante de luz, ardiente ansio 
Imitar tu lucir, desde este suelo 
A la gloria lanzando el genio mío. 

Más, no quiero seguir tu triste suerte, 
Que hoy abisma en mi ser el pensamiento ; 
Si así tan pronto ha de acudir la Muerte 
Despreciaré a la Fama el monumento. 

¡ Cuántos siguiendo esa escabrosa vía 
Destrozado el espíritu lo intentan ! 
Mientras dan de su numen a porfía 
Todo el fulgor que en su ilusión sustentan. 

Pero Aquel que a estas ansias se antecede 
Un límite trazó, que a repasarlo, 
El mismo impulso que su furia, excede 
El mismo impulso, tenderá a acabarlo. 

Eres cual la esperanza, con que abriga 
La alegre juventud sus corazones ; 
La que alimenta el de la dulce amiga, 
Cuando el fuego vital de las pasiones. 

Y cual ella fugaz tu brillo es nada, 
En la solemne noche misteriosa ; 
Mueres así de tu esplendor rodeada, 
Nada quedando de la luz pomposa. 



— -Í7 



Así nació en mi pecho aquel destello 
Que con tanto dolor aún hoy me abrasa ; 
Que con harto pisar lució tan bello 
Que <U'jú sobre su ara la esperanza. 

Así murió, también, del leve instante 
Al término apurado y dolorido; 
Con la admirada estela, tan brillante 
que en todo su fulgor se ha consumido. 

Yo te adoraba como adora el niño 
La candidez que vé en la mariposa; 
Pues como en él brotara en mí el cariño 
Al ver la semejanza portentosa. 

Cruza que a mi me encanta tu grandeza, 
Cruza la inmensidad del firmamento; 
Que aunque la Vida para tí es pobreza, 
Llevas la fama a la ilusión y al viento. 

Cruza, cruza no más, yo te bendigo, 
De mi tranquila soledad saliendo; 
Siempre yo te amaré seré tu amigo, 
Ya ves que el corazón te voy abriendo. 

Salve así pues, estrella desgraciada. 
Sitmpi*e aquí habrá quien llore tu existencia; 
Quien, compasivo, a lo alto una mirada 
Dirija al presentir tu triste ausencia. 

Y al mirarte otra vez cruzar el cielo 
Eclipsante de luz, el genio mío, 
Ya no te envidiará, sino que en duelo 
Hará brotar de lágrimas un río. 



_ 48 — 



LA MURGA 



El cielo está de luto. Cae una lluvia fina, 
fina, cual la evidencia de algún cruel desengaño ; 
la Aurora, encapotada, previendo el dulce baño 
se arrebuja en cojines, donde aún Febo se inclina. 

Suenan las campanadas de una iglesia vecina 
en alegre repique llamando su rebaño ; 
y eu empírico goce, libres de todo daño, 
cuatro sombras se escurren por la próxima esquina. 

Así, al pronto, es difícil adivinar su oficio 
al grupo agazapado, de aspecto tenebroso, 
si bombas son que enfilan al M^p .frontispicio . . . 

Cuando atruena la calle un himno fragoroso 
que me dá enhorabuena, de más grato momento, 
mientras mi alma clavan sus puñales de viento. 



49 — 



TRINO 



Soy ave fugitiva de otras edades 
que en alas inspiradas sublima el viento ; 
que de los sueños, ama las soledades 
que encierran las dulzuras de un cruel tormento. 

Que gusta la tristeza del camposanto 
en las calladas noches sin luz ni estrellas; 
y en un ciprés amigo, volver al canto 
del fúnebre recuerdo de sus querellas. 

Que, cernida en su vuelo, sobre el palacio 
en que el fuerte disfruta su poderío; 
no hay rey que la domine bajo el espacio 
en tanto entre perfumes murmure el río. 

Que en el sencillo trino, que Amor le inspira 
modela las leyendas del infinito ; 
y la divina esencia que de él aspira 
consuela y reconforta su ardor contrito. 



51 



Que adora las virtudes de la azucena, 
si tímida doblega su esbelto talle; 
al ver que con susurro de larga pena 

traidor la cérea el viento del hondo valle. 

Que vive sin sosiego y ajena al mundo 
buscando la esperanza que minea asoma; 
mientras dice el Destino, grave y profundo: 
— Canta avecilla, canta, por tu paloma. 

La pérfida, a aquel nido que tanto amaba, 
pajita tras pajita le fué robando; 
mientras yo de mi pecho que ello, ignoraba, 
con las fibras más dulces lo iba bordando. 

Nave soy. (pie. en los mares de las visiones 
impelido del viento de la esperanza, 
dejo estela profunda con mis canciones 
aunque sé que me alejan de la bonanza. 



— 52 — 



SE HAN BURLADO HIJA MÍA 



S • han burlado, me dices hija mía, 
ayer tarde los mozos de la tienda; 
y he comprendido que de allí la venda 
de tu inocencia al lodazal caía. 

Una risa nerviosa contraía 
mi ser, que raya tu segura senda ; 
y, aunque este impulso por demás me venda. 
diré que un bien en esa burla había. 

Juega el niño, aún al borde del abismo: 
y a punto de marchar a un cataclismo 
el aire libre, en vaguedad, le advierte. 

Así niña, hija mía, te ha salvado 
el misterio que llega revelado 
en las alas sutiles de la suerte. 



53 — 



TROVA GALANTE 



Quizá tu móvil fué ¡oh, dama herniosa! 
(y aquí perdona por favor mi duda), 
que en vanagloria te halagara aguda 
la musa que en mi amor salió ganosa. 

He de advertirte, estrella esplendorosa, 
que a la voz de la Fama no se anuda 
la vil lisonja ; pues perece muda 
mi lira, en alquiler de trata odiosa. 

No te enfurezcas, ni rencor me envíes, 
porque, en verdad, a mí me es muy ajeno. 
Solo te ruego no me pidas verso. 

Más, oye : los haré, cuando me fíes 
en un rincón del pecho sitio ameno. 
Cuando me muestres de tu amor lo anverso. 



— 55 — 



YA ESTOY CERCA DE TI, PATRIA 



Cuando en el ansia que arrebata eiega 
La ardiente juventud a otras regiones, 
Donde buscan su fin las ilusiones 

Y en raudo viento tan feliz navega ; 
Te vi, gran Plata, altivo y poderoso 
Mecer tus olas, y. en bullente espuma, 
Ir a las costas de mi patria amada; 
Velar con perlas su turgente seno 

Y a tu murmullo arrobador, ajeno, 
Hacerme de este mundo en tu morada ; 
La lira, descuidada, 

Volví a mis manos y el robusto acento 
De un himno improvisé por tu grandeza, 
En tanto su fiereza 
Tus aguas me mostraban, orgullosas 
De ver mi amor entrelazar contigo, 
Antes tan mudo y moderado amigo. 

Entonces, fui a la playa, fui al navio : 
Y, como aquel, desordenado, loco. 
Que al ser que adore, sospechando, sigue; 
Volé al fragor de la fatal tormenta, 
Y allí te contemplé de dudas lleno ; 



57 — 



Amando tu furor, odiando al trueno 
Qu • «'ii su remedo comprendí su afrenta. 
Así como a mis lares los perdía, 
El viento, con envidia, me llevaba ¡ 

Y tu voz. dulce Patria, me buscaba 

Y el alma sobre el mar se estremecía. 
Dentro del corazón que creí muerto. 

A poco, un gran -dolor vino a punzarme 
Con el recuerdo de otro bien perdido; 

Y juré por tu amor nunca tan cierto, 
Ceñida unión y celestial cariño. 

Aun cuando el infortunio malhadado, 
Me arrastrara al confín del Universo 
O a eterna proscripción fuese llevado. 

De nada me valió tal juramento 
A aplacar el enojo de la suerte. 
Era tarde, ay de mí, — Vuela ambicioso. 
Vuela, me dijo, a los remotos mares 
Que hoy el destino te trazó la huella. 

Y al destino tu estrella 

Negará ya su luz, que amor y dicha 

Desde su seno pródigo brindaba. 

Huye, ingrato, infeliz, huye no vea 

Jamás, la vista tuya, el sol ardiente 

Festejar la mañana 

Con su pompa esplendente de oro y grana 

Desde el cielo purísimo que encierra 

Con marco azul su espléndida hermosura. 

Mire el vasto arenal de la fatiga, 

Que adorna por doquier la tierra extraña : 



— ób — 



Y la savia que corra por tus venas, 
De ese suelo, al brotar el seco arbusto 

Y al dar el negro pan de la limosna, 
Apocada ha de ser por la amargura 
Cuando maldigas tu afición y gusto. 
¡Horrible maldición! ¡Cruel profecía 
La que la patria en su despecho daba! 
Aquel caos, para mi desconocido, 
Agitó más y más la superficie ; 

Y mi pobre bajel, ya vacilante 
Al furioso vaivén de tantas olas 

Que en tragarlo, voraces, se estorbaban; 

Fué a arrojarse, anhelante, 

A las playas que ha tiempo me esperaban. 

Un año, y otros más. nunca bastaron 
A calmar mi dolor. Mientras tu imagen, 
Oh, cara Patria, a perturbar venía 
Mi agitado reposo. Y entretanto, 
Era mi ser, en su vejez temprana. 
El que como la flor de la mañana 
En un antro de nieblas no vivía. 
Pero tuve un consuelo ¡ 
La que a Beatriz imita en los amores 
Llegó a mi lado, como don del cielo, 
En alas de su amor tierno y sublime. 
Ella. Isabel, la musa venerada 
En el altar de mi niñez florida 
— Ama. me dijo, ama mi recuerdo; 
Que. aunque, mujer, no pueda ya ser tuya 
Mi alma será tu aurora, tu esperanza. 



>í) — 



Rayo de inspiración, divina gloria 

Que a Dios te guív en inmortal bonanza. 

Y «i su labio atendí con gian respeto 

Y I endije en mí pecho su memoria. 

; Qué vuelta dan los tiempos a las cosas! 
Ayer era mi pecho el (pie. amoroso, 
Como volcán «pie su interior revienta 
Hálitos de placer y de ventura 
Dejaba derramar sin avaricia. 
Hoy ya. del fuego del feliz pasado, 
Solo restan cenizas que me ahogan. 
Si es para recordar como consuelo. 
Tan triste gracia cual depara el cielo. 
; A qué tan cara la bondad divina?... 
Humillado ante El. por su capricho. 
Clamando de dolor; sin la conciencia, 
De lo que pueda ser cierta la dicha, 
¿Qué aguardo en mi prisión?.. ¡Pobres jirones 
De la doliente humanidad maldita ! 
¡Bogad, bogad en vuestias barcas rotas 
A unas promesas por demás remotas ! 
Isabel, mi destino. Aquel, pasado; 
Mi presente es este; el (pie me sigue 
Con sostenido afán y malquerencia. 
Por eso canto en tí Patria querida 
La viva encarnación de un imposible ¡ 
Por eso voy sin esperanza alguna 
A acibarar aún más mi ingrata vida, 
Renaciendo las muertas ilusiones 
Que me dejaran en mi triste cuna. 



60 — 



¡ Ya estoy cerca de ti Patria adorada ! 

Blandas, las olas de tu mar br'.osa, 

Rizadas por la brisa matutina 

Arrastran mi bajel. Y yo, encendido, 

Confiando en la bondad que me demuestran; 

Corro a cantar con mi maltrecha lira, 

El himno en que aún respira, 

Al gran recuerdo de mi amor transido, 

El bien eterno que en los dos reposa. 

¡Oh, cuanto es mi placer! Pues al mirarte 

También, que me perdonan. 

Las campiñas sin par que te coronan, 

Parece <"jue me dicen halagüeñas 

Agitando sus árboles frondosos 

Que otro tiempo mejor me despidieron; 

En tanto, (pie, la duda 

En su mortal angustia y su sospecha, 

Con mísera osadía, 

Pretende aún quebiantarme ;a esperanza 

Que en bienaventuranza 

A raudales me baña de alegría. 



61 



RESURRESIX 



Del alma ya apagados los ardores 
y de la edad marchita la esperanza, 
con duda y con dolor al fin avanza 
mi vida, que es nidal de sinsabores. 

Por más que acuerdo las pasadas flores 
que tuviera en ensueños de bonanza, 
solo siento punzar, en mi confianza, 
espinas de sus tallos vengadores. 

Más hoy te veo. y mi alma dolorida, 
halla al mirarte un celestial consuelo j 
tu pasión dá a mis ansias nueva vida. 

La nube, que anunciara tanto duelo, 
deshecha en mil jirones es barrida ; 
y en mis ansias ya está límpido el cielo. 



— 6: 



AMADO ÑERVO 



Es blanca tu alma, hermano! Alba como el armiño; 
que arranca en sus dolores la punzadura espina ; 
y que en vez de aprestarla para otros, con inquina, 
la esconde en su envoltura con la bondad del niño. 

Con la lira que pulso, libre de ajeno aliño, 
desplegando la enseña que jní fé determina, 
cual fuera tras de Aquel la grey en Palestina, 
sin conocerte, quise seguirte con cariño. 

Pero ¿Qué es eso? ¿Te llega la triste, fatal hora, 
y hundes, yá en el Piélago la desmedrada prora 
pidiendo que la animen nuevos rayos de sol?. . . 

Mientras las nueve Musas entonan funerales, 
yo. elevo tus estrofas, de albura celestiales, 
que forman un sudario para tu corazón. 



65 — 



A LUCILA 



Di, ¿qué valen Lucila 
Para tí mis afectos 
Si ellos van descarriados 
Doloridos y enfermos? 
Cuanto lloro su infancia ! 
Como acuerdo sus sueños 
Hoy que lleva mi paso 
Maldición del averno! 
Cual las hojas vistosas 
Que arrebata el invierno, 
Así van sus halagos 
Así van mis recuerdos. 
Pues vistió a Primavera 
Dios ropajes tan tiernos 
Que en sus galas al hombre 
Muestra siempre cual fueron. 
Ven, reposa tranquila 
Con amor en mi pecho 

Y ahuyentamos las penas 

Y tornemos serenos. 
Yo quisiera, del mundo, 
De su vida el secreto 
Desnudarlo y que vieras 
Cuan su arte es perverso. 



— 67 — 



]\Iás, ca vilo, y mudando 
Esa idea al momento, 
Vuelvo a tí las caricias 

Y feliz te contemplo. 
Ven, Lucila dichosa, 
Ven, confunde en un beso 
La ilusión que nos une 

Y mi duro tormento. 

Y si quieres amiga 
Que no olvide yo eterno 
I >e tu cuerpo el donaire 

Y del alma el concepto ; 
No pretendas, curiosa, 
Te quebrante el silencio, 
Y r a que solo pesares 
Alimenta en su seno. 
Porque triste y quejosa, 
Yo no quiero que, luego, 
De mí apartes tu planta 

Y me tuerzas tu afecto. 
Feliz duerme Lucila 

De inocencia en el sueño. 

¡ Quién pudiera trocarle ! 

¡ Quién volviera a tus tiempos 



— 03 



AEDA FILOSOFO 

A José Ortega y 6assct 

Su dedo es un pincel, que dá trazos de muerte 
a esta grave existencia de dudas y rencores ¡ 
y al brotar la alegría, donde yacen dolores. 
cual Verbo de Judea marea al ser otra suerte. 

Las imágenes radian desde su numen fuerte. 
trayendo el '"gay sentir*' con nuevos resplandores; 
una espada amenaza, pero está envuelta en flores, 
nuestra dura conciencia en placidez inerte. 

Con claridades lógicas vertiendo su experiencia, 
desaloja las zarza- del camino, a la ciencia; 
y brilla, soberana, la hermosa luz del día. 

Y el despreciado vate, por loco visionario. 
desde un ámbito a otro como un gran incensario. 
desparrama la gracia de su filosofía. 



CU 



SOLO ADORANDO 



El labrador, su afán en la esperanza 
y la mirada dirigida al cielo; 
trabaja como nunca el rico suelo, 
lleno su pecho de feliz confianza. 

Y al ir a recoger, de su labranza 
el fruto que soñara en su desvelo; 
percibe con terrible desconsuelo 
del hado rencoroso la venganza. 

Así, al copiar los tonos de la lira, 
mi pobre corazón se vio dichoso 
creyendo que trazaba su poema; 

Y adivinando la brutal mentira 
juró al Amor ser siempre silencioso, 
solo adorando su inmortal emblema. 



— 71 — 



ESPECTROS 



La vela dio sus últimos suspiros, 
y un estremecimiento, y, se apagó ; 
como en el cuerpo el alma al despedirse 
acalla el corazón. 

Con las tinieblas densas de la noche, 
la estancia en que moraba, se llenó; 
y mi frente, febril y dolorida, 
taciturna quedó. 

Descansaba en el brazo mi cabeza, 
donde un volcán había en erupción ; 
mis ojos, exaltados, de sus órbitas 
sondeaban el dolor. 

En esto, cosa extraña, por la estancia 
fué esparciendo odorífero vapor; 
y sentí por los miembros ateridos, 
grata, una sensación. 

Y, luego, fui perdiendo de los hechos 
y de las cosas, la real noción; 
y soñé con grandezas y miserias, 
de todo en confusión. 



73 — 



Un rudo demagogo nos mandaba, 

imponiendo sus leyes con pavor; 
vi proletario, poderoso y rico, 
odiaba a su ex-señor. 

La Ley que el mundo sancionó al principio 
y que del hombre enfrena la pasión; 
rota, por la avalancha del orgullo 
humano veía yo. 

La Pasión, no existía ni de nombre, 
nadie sabiendo lo que fué el amor: 
y la familia, la ambición unía, 
que el Mal era su dios. 

Y en una larga cinta cenicienta, 
aquella racha de infernal ciclón; 
tejió macabra danza en torno mío 
creciendo mi terror. 

Horribles calaveras machacaban 
haciendo resonar sordo tambor; 
y con extraños gritos guturales 
formaban su canción. 

De pronto, cual la escena de un teatro 
que con un lienzo cambia la ilusión; 
disuelta en humo, la legión aquella, 
en dudas me dejó ! 

Entonces, una aurora, que oro y grana 
coronaba su mágico esplendor; 
insistente a mi espíritu mostraba 
un sitio que miró. 



— 74 — 



Era un verjel de primorosas plantas, 
armónico y variado su color: 
donde nada faltaba, ni el gorjeo 
del tierno ruiseñor. 

Una niña, que apenas quince eneros 
tornearan su talle eimbrador; 
descendía del monte a la pradera 
con aire retozón. 

Un galán de su edad, que la seguía, 

entonando las quejas de su amor; 
sobre la pura frente de la bella 
azahares colocó. 

Ese es el fiel retrato de otro tiempo, 
dije, del tiempo en que mi amor nació; 
cuando la dicha para mí era tanta 
y tanta mi ilusión. 

Disperté placentero, y aún a oscuras, 
contemplé luminosa la visión ; 
encendí una cerilla, y, al instante 

la expresión de la dicha se apagó. 



— t o 



EL MATÓN 



Con rostro donjuanesco, bigotazos en punta, 
en el aire ese garbo que ustedes siempre ven; 
la visual sondeante, que fácil ñus trasunta 
al pechador insigne, huérfano del vintén. 

En ágape infecundo, él, subyuga a la junta, 
y con sus añagazas resulta su sostén ¡ 
mientras el mozo .sirve, hábilmente pregunta : 
— ¿Cuánto es lo que te debo? Paga, que volveré. 

Con gestos de amenaza y frases bien medidas. 
valora en el concurso el precio de las vidas 
augurando el despliegue de algún feroz burdel. 

La gente se acoquina, hay un rodar de mesas, 
las copas, las botellas alcanzan las cabezas, 
y todos se preguntan en donde estará él. . . 



77 — 



LUCHA INTERIOR 



Qué triste que está el día ! Lo recuadra una bruna, 
cenicienta atrofiante claridad de la tarde; 
el Invierno tirita, mientras mi pecho arde 
en el fuego sagrado de ilusióu importuna. 

Ansia mi alma extraña, el vivir sin ninguna 
de aquellas buenas cosas de que el hombre hace alarde; 
cuando ante la Virtud se remeda cobarde, 
por conseguirla, aleve, con criminal fortuna. 

Brazo a brazo luchamos sin tregua, ni esperanza : 
ella, por imponerme su argumento de vida, 
y yo. por elevarme en mi ensueño ideal. 

Y a través de las brumas que agitan mi bonanza, 
descubro el aleteo de la garza ya herida 
y en mi alegría, triste, entono un funeral. 



NUNCA SERÉ INSTRUMENTO 



; A qué deeir que e] mundo 
Todo es engaño, es ilusión, quimera. 

Si en él obras fecundo 
Gozando con su gala pasajera .' 

i A qué lanzar al viento 
En mustio y largo chorro triste queja, 

Si acopias el contento 
Que los dolores diligente, aleja .' 

Cortemos ya la farsa : 
Que, víctimas, creíste en tu flaqueza 

Forma sernos comparsa. 
¡Desnudemos al vulgo tu vileza! 

i ( 'reías por ventura 
Fiado por demás en el oficio 

Que no fuese aventura 
La eficacia del sutil artificio?... 

¿Que, chicos inocentes. 
Ante la necedad de tu mentira. 

Fuéramos a las gentes 
A decir, es tu pecho el que suspira .'. 



— SI 



Si amases cual repites 
Ocultaras mejor tus sentimientos ; 

Renuncio ¡i que me cites 
Desde yá 1u pasión y sus tormentos. 

Renuncio sin disgusto 
Tu leal amistad, prefiero solo 

Perecer con mi gusto. 
¡Desprecio que me halagues con Apolo! 

Si el acorde mi lira 
Rompe sublime en armonioso estruendo, 

Y el público delira 
El avaro laurel mi sien eiñendo; 

Aunque tu me encomiendes 
Compartir con la gloria yo no cedo, 

¿Con qué así la pretendes 
Y procurarla se te importa un bledo .' 

El medio es tan sencillo 
Que hasta yo que, ignorante, di en su vuelta, 

(iba a llamarte pillo 
Cuando eres necio, su moneda suelta). 

De hoy ya rompo mi lanza 
Levantada en tu faz la vil careta ; 

Abate la esperanza 
Nunca seré instrumento de tu treta. 



82 



UN BESO 



Trémula va la alondra a la floresta. 
a derramar sublimes armonías: 
trémula vá. mi alma, de alegrías 
cantando coplas que su ardor le presta. 

Y al dualizar en tan solemne orquesta 
pasando gratos, placenteros días, 
sirven al genio de galantes guías, 
endulzando las hieles de su gesta. 

¿Cómo operóse el celestial conjuro, 
si ajeno estaba en mi vivir, seguro, 
de la rauda pasión al embeleso?. . 

La alondra fuiste tú ; y yo. el oído 
del sordo recobrando su sentido. 
al estallar entre los dos mi beso. 



— 83 



YO SOY LA ROCA 



Yo soy la roca que en el mar rugiente 
Soporta del Embate la fiereza ; 
Yo. la coraza soy de la Entereza 
Ante tu lengua de mortal serpiente. 

Si he sido a tu calumnia indiferente 
La falta lo dirá de mi extrañeza ; 
Por donde fui. subida la cabeza. 
El polvo do empañó mi ruda frente. 

Podrán las nubes, un momento solo, 
L'nir sus filas con rabiosa idea 
Y ocultar a la vista el alto Cielo; 

Que alígero en su Carro dios Eolo, 
Ha de rasgar en lucha jigantea 
El ruin intento del maligno velo. 



6o — 



PROFESIÓN 



Hoy que amor ya no encuentro en las mujeres 
ni en el extraño un corazón amigo; 
hoy que hasta a la familia la desdigo 
pues rotos vi sns límpidos deberes. 

Vengo al nido que sueño de placeres 
sic más que Dios como inmortal testigo, 
a descansar con la ilusión que ligo 
a confortarme al sol de mis quereres. 

Ama el soldado de su patria tierra 
el pendón, que en la cuna lo bendijo 
y lo guía feliz a la victoria. 

Amo también, en mi reñida guerra, 
de tí, oh musa, el estro que te exijo; 
el que de Paz me brindará la gloria. 



— 87 



NUBES PARDAS 



Cuando lo supe 

Corrí a la habitación donde espiraba 

La virgen sensitiva de mis sueños, 

De aquellos que duraron noche y día. .. 

Junto a la sucia llama de los cirios 
La negra mariposa de mi ensueño 
Con lúgubre aleteo se agitaba; 

Y en el pálido rostro de la muerta 
Ina mueca de horror se dibujaba. 

¡ Oh, cuan dulce el amor que ardiente vive 
Arrullado entre céfiros y flores! 
Con profunda tristeza meditaba ; 

Y no el que sigue al acaso su destino 
Cual el que ayer mi pecho cobijaba 



Sí) 



Sentí en su seno el frío de una tumba 
Cuando un cadáver guarda en su interior 

Y dije: «'1 corazón que me mataste 
Cerno fuera dichoso sin tu amor. 

Y por probar si solo eran cenizas 
Lo que en su tundo triste le quedó, 
Un recuerdo feliz rocé con ellas, 

Y un rayo de esperanza me alumbró. 

Y oí decir a tu querido acento 
l¿ue loca se agrandaba tu pasión ¡ 

Y que mi lira de las cuerdas flojas 
Templar quería tu gentil favor. 

De súbito miré, que solo estaba 
►Sin sangre ni latido el corazón. . . . 

Y temí que lo hubieras tú matado 
(-nal matan los cobardes: A traición. 



— 00 



CRÉDULO 



A Ie mostraste amistad acrisolada. 
me llamaste tu amigo y hasta hermano, 
alabaste mi cuna, y sobrehumano 
tu entusiasmo aturdió con su algarada. 

Como después de la tormenta airada 
acalla *u furor el océano, 
borrando mi desprecio tu aire vano, 
de tus lisonjas ya no queda nada. 



¿Acaso tu afección es la careta 
que oculta del malvado la perfidia, 
que avisa al perspicaz el golpe aleve? 



Más creo que simulas esta treta 
que oculta tu ignorancia y no tu insidia, 
para dar largas a tu vida breve. 



— 91 — 



ROOSEVELT 



A MANUEL UQ¿RTE 



Extraño ser de inspiración y gloria, 
engendro de ambición y de osadía, 
venero inmenso de la musa mía, 
verbo fecundo de tu patria historia. 

Eres eso y aún más, pues la victoria 
te sigue con frenética alegría, 
basta que asome el esperado día 
que guardará tu pueblo en su memoria. 

Ha de ser cuando triunfe la doctrina 
del gran IMonroe ; y que su mano trace 
de la raza sajona el derrotero. 

humillada a sus plantas la latina, 
Y mi pecho con odio te rechace. . . 
¡América del Sur. libre te quiero! 



— 93 — 



PASTORIL 



¿Qué tienes pastorcillo 
Que triste está tu cara, 
Es que las ilusiones 
Llevó la suerte vana .' 
Ven, cuéntame tus penas 
Que yo con qué halagarlas 
Tendrelas abundantes, 
Que alivio dan narradas. 
¿Me dices contristado 
Que tu pastora ingrata 
Desecha tus amores 

Y acorta tu esperanza?. . . 
Xo llores, que en mi pecho 
También feroz batalla 
Sostienen los pesares 

Con su funesta saña. 
i Reclamas el consuelo, 
Mientras que sola mi alma, 
Yaciendo en sus desdichas 
Llorando está esa falta ? 
Siquiera en la pradera. 
Que encuentras solitaria. 
Das rienda a los gemidos 
Que pierde en sus entrañas. 

Y vas junto al arroyo 

A contemplar sus aguas 



— 95 



Y allí sentidas cuitas 
El menta, ya pasadas. 

Y aunque consuelo tonto (1) 
Diga el refrán de manas. 
Ves a tu pobre espíritu 
Llegar la dulce calma. 

¡ Ay. triste pastorcillo! 
; Felices los que vagan 
Por la tranquila selva 
Do mora la ignorancia ! 
Allí las ilusiones 
Más vivas son, más gratas. 

Y aún sus contrastes tornan 
Al alma la esperanza. 

No así a quien, inexperto, 
O incauto, de sus galas 
De sociedad adora 
La virgen regalada. 
Pues ya torcida suerte 
Se aporta de sus ansias; 

Y duele, mentirosas, 

De aquesta las palabras. 
Ven, pastorcillo y vean 
De vida tan tirana. 
Alegres divertirnos 
Ambos los dos con ganas; 

Y olvida tu pastora, 
Pastora tan ingrata, 

Y oigamos del arroyo 

Cual quejas dá en sus aguas. 

(I) - Mal de muchos, consuelo úu tontos. 

— 96 — 



ESPAÑA 



[Sonetos dec'amados en el banquete 
que se dio en ia Opera de Bs. As. en 
honor de los marinos de la "Nautilus" 
en s¡i visita al Plata). 



Hoy vengo a deponer, madre adorada 
Ji'Dto a tu pié sencillas t^tas flores 
Que recogió uii musa en los albores 
Del cariño a tu historia inmaculada. 

En tí ornarán la lira venerada 
Que felices pulsaron tus cantores 
Espejo del amor de mis amores 
Cuna de mi ilusión más sustentada. 

Fué tu antiguo esplendor, cual amapola 
Que troncha el vendaval, despreciativo 
De hallar tanto poder, tanta hermosura ¡ 

Tu vivirás, no importa, libre y r^ola. 
Sin el remordimiento vengativo. 
Siendo el amor tu bélica armadura. 



— 07 — 






II 



Clamó la madre España, en su amargura. 
Del hijo ingrato al criminal olvido; 

Y acallando su amor enternecido, 
El cruento vaso de la liiel apura. 

Nota su prole la infeliz locura, 

Y sintiendo su pecho comprimido 
Que la triste lección escarnio ha sido, 
Repróchale al amar tanta blandura. 

Vosotros, que aportasteis tanta dicha. 
Haced que acerque la Justicia ufana 
Las palmas de la Paz y de la Gloria 

A su frente, arrugada en la desdicha; 
Que al fin recogeréis la flor temprana 
Que aroma de y color a nuestra historia. 



— 99 



QUINTEROS 



Seres ¡ay! que agostó fúnebre viento, 
Como agosta mi pecho su gemido. 
Reparad de la patria el triste aliento. 

Escuchad el acento dolorido 
Con que acude mi musa al cruel instante 
Mártir palma trayéndole al caído. 

Ved cual llega con paso vacilante 
Do la patria, cubierta de crespones 
Gime, l a muerte al contemplar triunfante. 

Unen allí sus tiernos corazones, 
Y en mí infiltrando su dolo}- profundo 

Veo el brillo perder de sus blasones. 

¡ Oh, perfidia nefanda de este mundo 
Que a la ambición no estorbas procelosa 
Torne, del hijo, el pecho en iracundo!. . . 

Va la segur se esgrime rencorosa 
En uno y otro bando con denuedo. 
Mas digno de otra suerte azás gloriosa. 

La madre tiende en amoroso miedo 
La lucha a concluir. Pero es en vano, 
Que ambos hijos exclaman: — Ya no cedo. 



— 101 



Rechazado es con rubia por su hermano 
El más franco y leal que paz ansia, 
Aunque al fin al león rinde el gusano. 

Tachado de afrentosa cobardía 
Se yergue noblemente de tal lazo, 
V protesta con justa b'/.arría. 

Aquel Id escucha, y en traidor abrazo 
Sella la infamia que alabó el infierno, 
Al acogerla alegre «mi su regazo. 

— Digno, Dios sentenció, — de oprobio eterno 
Al orbe sea. — Y el padrón lanzado 
Conmovió las entrañas del averno. 

Ya por niebla sombría está velado 
El nefario lugar de tanta hazaña ¡ 
Ya el cuerpo del opreso yace líela do. 

El mísero Caín, que el mal entraña, 
Tiñe sus manos con feroz ultraje 
En sangre, que en dolor el suelo baña. 

¿Qué, la Historia su preciado gaje 
No ha de otorgar a quien así sucumbe 
Aunque del cielo el anatema baje? 

j Acaso no es a ella a quien incumbe 
Discernir imparcial el lauro amado, 
Cuando de aque] la fama acá retumbe?... 



— 102 



Y no es a ella, también, que en indignado 
Estilo, trace maldición horrenda 

Que perpetúe el hecho desgraciado? 

•Solo a tí bardo nuble y quien comprenda 
El sentido concento de tu lira 
La justicia abrirá gloriosa senda. 

El cantu escuchará que ella le inspira 
Su espíritu inmortal estricto y fiero 
Y allí suspirará ¿i es que él suspira. 

Y llegando la lira al son postrero 
Entrambos depondrán de verde hiedra 
La corona que acuerde al fiel guerrero 
De aquel campo fatal en triste piedra. 



— 103 — 



TALION 



Tú que sientes placer endemoniado 
Entre los hombres en sembrar cizaña. 
Teme del dispertar la justa saña 
Con que por ellos te verás pagado. 

La sabia ley que Dios ha sancionad','. 
Que al que mal obra solamente engaña. 
La cuenta cobrará que por tu hazaña 
Te bicistes al Señor tan adeudad". 

Entonces, no me llames en tu ayuda: 
No puede disculpar mi pecho altivo 
Que esconda tu puñal su punta aguda. 

Que gota a gota, mientras dure vivo 3 
Será mi sangre la protesta muda 
De] vi] presente que de tí recibo. 



— 105 — 



EL FÚNEBRE 



Termina Carnaval la breve vida 
de su reinado, de feliz locura; 
dejando en cada labio la amargura 
que deja al triste la ilusión perdida. 

Por la voz del deber, sobrecogida, 
la mascarada su destile apura ; 
y por cercana callejuela obscura, 
encuentra salvadora su salida ; 

Por distinto trayecto se atraviesa 
un furgón de hospital. Aquella espesa 
turba, aterrada, su presencia advierte. 

Y haciendo en el cortejo de cabeza, 
como una gran ironía de la suerte 
va la expresión de verdadera muerte, 



— lüi 



DE OTRO TIEMPO 



De otro tiempo la dulee sonrisa 
Con qué bondadosa mi amor halagabas, 
El recuerdo feliz me atormenta 
Robando mi dicha, matando mi alma. 

; Ay, j Por qué no cesó mi existencia 
Del punto en que alegre mi bien, te adoraba? 
Es que entonces el cruel infortunio 
Veía una víctima en mí va ganada. 

Y me dices que el prado es tan bello. . . 
Que ríen sus flores de amor con las auras; 
Yo do sé lo que a mí me sucede. 
Pues todo lo veo con triste mirada. 

Su verdura que en tiempos mejores 
Mi vista veía, mi labio cantaba, 
Es monótono lago tranquilo 
Que admiran los ojos, que no siente el alma. 



— 109 ■*- 



Y hasta el cielo que, azul y sereno, 
Crecía ni mi pecho la dulce esperanza; 
Ñu estremece en mi don poderoso 
Siquiera una fibra, la fibra más santa. 

Es nn triste y maldito paisaje 
Que lúgubre pinta de amor la palabra; 
Ks e] premio que alcanzan los hombres 
Amando a los ángeles que no tienen alas. 

Ah, ilusión borrase» isa y divina 
Que tal me venciste robando mi calma; 
¡Cuál te gozas del débil caído 
V ahogar sus ensueños pretendes en lágrimas! 

En los ratos de dura congoja 
(instando del mundo su hiél tan amarga. 
Es la imagen de un ser incorpóreo 
Quien luego consuela la mente cansada. 

Es la imagen que todos los vates 
Las ven en los sueños que arrullan sus arpas; 
Es la virgen de dulce mentira 
Que solo contemplan aquellos que aman. 

Es la musa inmortal del poeta 
Que Dante en su obra divina evocaba; 
ha que ayer yo soñé y como un sueño, 
Por más que la llamo nv viene la ingrata. 



110 — 



ULTIMO 



Un baluarte me queda, tierno amigo, 
un baluarte no más en esta vida; 
es tu fiel amistad que me convida 
mi lanza a revolver al enemigo. 

Yo, que en el mundo lo perfecto sigo 
sobre el cariño el alma suspendida, 
busco en su seno la Ilusión perdida, 
quiero mi suerte recorrer contigo. 

Mas una duda mi placer contiene; 
perdona si te ofende mi inconfianza. 
si vas por la virtud nada te apene. 

Pasa, que un día de feliz bonanza, 
austro malvado su escuadrón detiene 
y asóla de Natura la esperanza. 



— 111 — 



ALBERTO 



—Violeta, Herminia, Ofelia el teatro espera, 
el telón ya vá a alzarce, los actores 
de cartón voy poniendo; y estas flores 
colocaré en el mareo de madera. 



A ver si se están quietos, ehieos ¡fuera! 
afuera los que son murmuradores 
pues no saben, no, todos los dolores 
que han costado formarnos la can-era. 

Y en un ir y venir está arreglado: 
los chicos al temor se han dominado; 
el timbre suena de un dispertador. 

Comienza la función: sube a la escena 
un drama que a las almas enajena, 
del que Alberto es intérprete y autor. 



113 - 



ETERNO CARNAVAL 



^altando en .su trascurso, la ley humana. 
Alegre, el engranaje que la regula ; 
Desbórdase y ahoga, nías que mundana, 
La inferna] pesadilla que la estrangula. 

Y en fuerza de saltarle, tras de los años. 
Gastará su engranaje la humana gente ; 

Y la verdad desnuda de desengaños 
Hará a todos felices eternamente. 

Así será cumplida la ley profeta 
Que vulgar experiencia trajo a este mundo, 
Que el (pie en abecedario llega a la zeta. 
Es un letrado grande, noble y profundo. 

Y el hombre será entonces con el sistema 
Quien primero reniegue del Paraíso; 

Que no es poca alegría tener de emblema 
Para todo el dios Momo nos dá permiso. 

Hay gentes tan atentas en lo que digo 
Que por que no las dañen eternos males, 
En ello se cobijan, y así a su abrigo. 
Renuevan diariamente 1<>s carnavales. 



115 — 



PROSCRITO 



siento un vago temor patria adorada 
al dejar mi refugio de proscrito; 
dame tu absolución por el delito 
que a tí ya vá la nave apresurada. 

, Ah, me escuchaste ! Y por la mar callai 
pues su fragor me hiciera más contrito, 
navego con afán, mientras agito 
tu flámula de vida inmaculada. 

AI sonreír la aurora en el Oriente, 
corona que a tus sienes Dios inclina, 
veo tus costas mágicas alzare e. 

Y un buen augurio leo en tu alta frente 
el iris de la Paz que se avecina 
y que con tu perdón quiere mostrarse. 



117 



ÁSPID 



, Lónio clava la Envidia sus colmillos, 
sus colmillos de áspid, envenenados, 
en los seres más nobles y elevados 
cuando son como Mártires, sencillos! 

Porque la cobardía de los pillos 
es la baja y servil de renegados; 
cuando acechan, inquietos y vejad - 
encogidos también en sus anillos. 

Dispuestos siempre a hincar, con su ponzoña, 
el íntimo placer de la carroña 
que solo con lo pútrido revive ¡ 

no ven la caridad del elegido, 
que como a Cristo de virtud ungido, 
al que ciearo lo hiere, luz recibe. 



— 119 — 



VIEJA CANCIÓN 



Despierta dulce amiga 
t^ue ya rosada aurora 
Con fineva luz implora 
Tu rostid acariciar ¡ 
Verás los pajarillos 
Que en trinos deliciosos 
Harante bullicios» - 
E] lecho abandonar. 

Sus cantos son mensajes. 
Pues cuando en la campiña 
Les cuento que mi nina 
Su corazón me dio. 
Ellos, alzando el vuelo 
Se van a tu ventana 

Y cual esta mañana 
Repiten lo que yo. 

Te incitan que me ames 
Cual ellos a la vida. 

Y que siempre, querida, 
Tu mires esa unión. 

Y ensalzan placenteros 
De Dios la luz Suprema 

Y ostentan como emblema 
Feliz nuestra pasión. 

Ayer así a tu lado 
Amante dispertaba, 
Al par que fiel luchaba, 
Tu sueño y tu bondad ¡ 
Más hoy que dolorido 
Contemplo que mi dicha 
Trocastes en desdicha. 
Cuerdas, callad, callad. 



121 — 



CIEGA 



Burea sin rumbo, sin bandera alguna, 
Sin afectos, sin paz, sin esperanza; 
Que tranquila, a la muerte, su tardanza 
Ni grata le ha de ser si es oportuna. 

De la (jloria no espera la fortuna 
Ni a la Virtud admira so templanza; 
Tan solo a un puerto con tesón avanza, 
Ks aquel do interés siempre se aduna. 

No esperes de esa alma el fruto bueno, 
La codicia será quien la cultive; 
Quien la crezca también su inmundo seno. 

Ay de tí ! si ese bien con que revive 
El ánimo al hastiado, te es ajeno. 
Es que en tu pecho la bondad no vive. 



— 123 — 



MAGNITUD 



Extiende el sol sus mágicos ardores 
por sobre el lomo de la Tierra fría, 
y renace, explendente, el nuevo día 
bendiciendo las brisas y las flores. 

Ríen lus seres modulando amores. 
ebrios de luz. de paz y de armonía ; 
erigiendo hasta el dios de la Alegría 
monumentos de voz, los ruiseñores. 

Es que la Patria, tras mortal letargo, 
que le impusieran en el filtro amargo 
los que su inepcia cubren de celajes, 

deseiñendo su manto inmaculado, 
desnuda, hermosa, sin el rostro airado, 
se ofrece como escudo a los ultrajes. 



125 — 



ELECCIÓN 



( Jruzaba el tiempo con la frente erguida 
Sin más consuelo que la pronta muerte, 
Presa así del capricho de la suerte 
Sin que el alma al Amor fuese rendida. 

Cuando una senda para mi escondida 
Quiso alzar mi ilusión : y el pecho fuerte 
Por ella flaqueó, tan solo, al verte 
Y al sentir en su ardor tan firme herida. 

En vivir y en morir ya no vacilo : 
Venga la Vida dulce y amorosa 
Venga tu amor de bálsamo repleto. 

Mas, si la flecha de amoroso filo 
Quitaras a mi pecho, desdeñosa, 
Fuera la Muerte su mejor objete. 



— 127 — 



EL SANTO AMOR HUMANO 



Tengo los atributos del santo amor humano: 
Lealtad, Esperanza y Fé son mi bandera ; 
ven amiga que el aura que flamea esos dones 
con sus brazos jigantes en un nimbo la enlace 
y le sirva de escudo contra el cierzo traidor. 

Ten cuidado no trueque la suspicacia artera 
ese encanto en la vida con su arrastre sutil; 
pues de hacerlo peligran todos los atributos, 
todos los atributos que encastillan mi vida ; 
todos los atributos que rebrotan en mi alma 
cada estación que llega, cada sol que se acerca, 
con su divino fuego del santo humano, Amor. 



— 12 y 



ITALIANA 



Xu sé por qué la Italia me fascina, 
no sé por qué su nombre me embelesa, 
cuando tu imagen mi memoria besa 
y hacia tu pecho mi pasión se inclina. 

No extraño ya la idea peregrina, 
merece algún perdón quien lo confiesa 
de hacerte de mi Reino la Princesa, 
de hacerte de mi Imperio la Czarina. 

Deja, piadosa, que mi lira entone 
cual hasta aquí su mística armonía, 
al duro empeño que un capricho pone . 

Y si penetra en él la melodía 
el triunfo dignamente me corone, 
y llene nuestro amor con su alegría. 



131 — 



NAPOLEÓN 



Duerme tranquila domeñada ñera! 
Nadie perturbe tu profundo sueño! 
Duerme ! Que Europa su perdido dueño. 
Aún hoy reclama irguiéndose en la hoguera. 

¡Ah! Si mi lira en su temblor él viera. 
Y el noble aliento y rencoroso ceño 
De mi semblante, yo que honor desdeño, 
Quizás su muerto ardor en sí volviera. 

Mas, ¡ alza nuevo Lázaro en tu fosa ! 
¡ Alza ctra vez Napoleón guerrero 
Que de otra Elba suba tu osadía ! 

Y que también otra Austerlitz gloriosa 
Repitas, n ó a la Europa al mundo entero ! 
Mas, teme a un Waterloo de rebeldía. 



— 133 



CARNAVAL 1919 



Flota el alma en una espesa 
nube de melancolía. . . . 
La farándula se acerca. 
Son Pierrote y Colombinas, 
payasos, duques y pajes 
toda una corte fingida. 
Risas, cantos estupendos : 
todo es locura, alegría. . . . 
¿Han pasado? Sí, allá van. 
Vuelva el llanto al alma mía. 



— 135 — 



QUIJOTE 



Quijote valeroso de la pluma 
Solo a tu acción confías la victoria, 

Y si hasta hoy no te alcanzó la gloria 
La causa fué que se tornó en espuma. 

Mas. tamaña tontera no te abruma 

Y sigues cimentando tu memoria 
Llamando a los contrarios bajo escoria. 
Aim ruando sean la virtud en suma. 

Harto de destrozar la Poesía 
Pristes en pos de nuevas aventuras, 

Y como al de la Mancha te premiaron. 

La vista te engañó en lo que veía: 
Los carneros que viste en tus torturas 
Fueron los que a la postre te ultrajaron. 



— 137 — 



SUICIDA 



Ya no puedo escribir, mi fe perece, 
siento hasta el yo perderse en el vacío ; 
y del alma, en el cruento desvarío, 
su misma vida eterna desfallece. 

j Es la duda que aleve resplandece 
porque de todo interiormente río, 
o es Luzbel que en perpetuo desafío 
viendo mi altar caer, se enorgullece? 

Algo grande hay en mí que no comprendo 
— mientras callado mi bagaje vendo — 
que me hace la existencia amar un poco. 

Es tu sagrado amor, esposa mía, 
que me sostiene al concluir el día 
y que me impele hasta el suicidio, loco. 



139 



ESPERANZA, EKES NUBE 



Esperanza ! eres nube que diluye la vida, 
que diluye la vida con su mano certera ; 
cuando en giros geométricos haces puerta a la herida 
en que los borbotones de la sangre pañi la. 
cantan del desconsuelo aún la hora postrera. 

Esperanza !.. Ya erguida dando el flanco a Occidente. 
a cien codos del hombre con mirar infinito, 
vestal de la liturgia de una té subconsciente, 
traspasas los abismos, (pie salvas ciegamente. 
descarnando el esquema de la Vida : su mito. 

Esperanza ! Te aclamo por tu esencia bendita, 
como bálsamo y venda ; ven. reclamo tus dones, 
para que cuando sienta flaquear la estalactita 
de todas mis ideas, tú te allegues contrita 
y den vida a su muerte, la luz de tus pendones. 

Esperanza ! Eres nube que diluye la vida. 
que diluye la vida con su mano certera ¡ 
cuando en giros geométricos haces puerta a la herida 
en que los borbotones de mi sangre panida 
cantan del desconsuelo aún su hora postrera. 



Ul — 



AYER Y HOY 



Fuiste la flor que en el agreste suelo 
Del ansia mía apareciste ufana; 
Pues cual tú nunca había, tan temprana, 
Adorado en más grande desconsuelo; 
Contigo en el nublado entrevi al cielo 
Prometerme feliz una mañana. 

Cuando el Edén que mi ilusión hacía 
Rico en detalle, en dicha portentoso, 
Tocaba ya a su fin maravilloso 
Cerróse con la noche el bello día; 
Y luchando .sus genios a porfía 
De nuevo me dejaron sin reposo. 



143 — 



FRENTE A LA VIDA 



(A Carlos N. Rucha 
autur del libro de este título] 



Cobarde, es el pasivo anaeoreta 
que vá con su pecado a abrupta cima; 
cobarde, es el que tiene en mucha estima 
su palabra venal de gran profeta. 

Cobarde, es quien mantiene su alma neta 
de toda conjunción con la alta rima, 
el que levanta el polvo de la lima 
cuando pule su verso el mmsageta. 

Pero es muy digno el que, tras vida austera, 
sin reparar lo andado en su carrera 
ni restañar la sangre de su herida, 

como buen paladín tras la victoria, 
por conquistar laureles de más gloria 
solo anhela quedar Frente a la vida. 



— 145 



DE PIE 

No importa que el mundo su lodo me escupa 

yo voy sin temor, 
Resuelta la trente, al astro que alumbra 
mi genio y mi amor. 

Serenos los cielos, voraz la tormenta, 

¡ qué inútil luchar ! 
Yo nunca en la lucha, las furias ajenas 

llegué a calcular. 



— 147 — 



VIRTUD EXCELSA 



(' Por qué no luce mi preclaro nombre .' 
¿No soy digna de tí? ¿Será delito 
Llevar alzada la modesta frente? 
Dijd así la Honradez, siempre que el hombre 
Con cariñosa mano la llevaba 

Y en criminal vergüenza 

Al Vicio robador se la ocultaba. 
i Ves < i ne el genio del Bien y el sol hermoso 
Dan su rayo benéfico a la Tierra 
Sin que el temor a nada 
Llegue a turbar su voluntad templada '! 
Igual mi nombre y mi virtud primero 
Brillarán ante tí y el orbe entero. 

De entonces temeroso 
Los vio correr al dilatado espacio 
Sus ámbitos llenar; (pie así la esclava 
Fuerza por siempre la brutal cadena 

Y se asienta serena 

En el sitial de su verdugo y dueño. 

¡ Cesad en vuestro empeño ! 

¡ Xo más halagos que cautiva vea ! 

¡Como en el aire el ave, seré libre! 

Si mi frente dobló la tiranía 

Mientras tenaz mi empeño protestaba, 

Fué cómplice la Duda 

Que mi ardor moderaba 

Y quien hoy perpetuó su cobardía. 



149 — 



PARA EL ABANICO 

De la Sta. Dominga J. Fraga. 



Es el abanico, niña. 
Para el aiuor un pretexto. . . . 

Y para el pobre poeta 
Un grandísimo tormento. 

Vn poema de pasión 
Iba a verter sobre él; 
Mas reparé que era ardiente, 

Y encendería el papel .... 

Como la frase vá al viento 

Y el viento en tu mano está, 
Todo cuanto a<pií vá escrito. . 

* No lo vayas a borrar). 



— 151 — 



ARTIGAS 
< B'ragmento) 



Ven, genio de la Paz. que ya las puertas 
del templo del dios Jano abrió mi patria 
a un bello porvenir. La edad pasada. 
la edad que de sus hijos rememora 
la grande gloria y la feliz hazaña 
que le dio libertad: hoy me conduce, 
al pié del Pindó a recordar sus hechos. 
Llégate y orla su serena frente 
con grata oliva y aromosas flores; 
que aunque altiva, la patria, te desea; 
y es tu brillo el (pie luce en sus pendones. 
Llégate, y desciñe su armadura, 
el férreo' arnés y la ofensiva lanza: 
que Marte abandonó la cruel pelea 
avergonzado de sus propios hechos. 



Y mi noble entusiasmo 
gi anjeó una voz sonora que los ecos 
de la noche tranquila 
llegaron hasta aquí: Loor al grande 
v esforzado adalid, que al cruel Atila 
volvió tronzada la brutal cadena, 
con que a temor condena 
los secuaces feroces (pie intentaron 
hollar el santo suelo 
de la patria adorada ; 



— 153 — 



así rastrera sierpe 

huyendo al cazador suelta la presa 

que al cielo vuelve la feliz mirada. 

Y un eeo respetuoso 

por los prados divinos, dilatado. 

trémulo le añadía : 

Artigas fué varón tan afamado. 

que no hay premio en la Tierra 

que, al genio de la guerra. 

parezca digno que le dé la gente. 

Que el dios del Pindó le cedió su latió 

y con sus palmas le adornó la frente. 

Loor a Artigas! Y loor clamaban, 

la selva, el monte y la pradeía umbrosa 

la sombra misteriosa 

que las tumbas circunda noche y día ¡ 

y todos a porfía 

el grato nombre dándole a los vientos 

con sus ecos aliaban monumentos. 



— 154 



ARCANO 



Cuando en la noche serena 
miro su techo estrellado 
pienso en Aquel que ha creado 
tanta grandeza infinita ¡ 
y mi espíritu se agita 
al elevar la oración 
comparando tu pasión, 
tan grande cual es -u imperio, 
como que un mismo misterio 
encierra siempre a los dos. 



15 5 — 



A UNA JOVEN FRÁGIL 



¿Qué me puedes brindar flor deshojada 
Flor de perfume y de color ayer, 
Si tf.mida la luz de tu mirada 
Me dices la gastaste en el placer? 

¿Y vil, aun intentabas engañarme 
Engañar a mi alma y a mi honor. 
Diciendo en tus palabras por comprarme 
Que solo yo era digno de tu amor? 

No me guardes rencor si mi consejo 
Cuando feliz estabas te oculté; 
Mudo en pesar y de estupor perplejo 
A decírtelo entonces no at'né. 

Yo te quería es cierto, casi tanto 
Que amor yo le llamara sin dudar , 
Por eso es porqué suelto mi quebranto 
Al embate furioso del pesar. 



— 157 



M¡is hoy todo pasó, y allí en mi pecho 
Donde el recuerdo tuyo se anidó 
En féretro hallará tranquilo lecho 
La lian. a que su actos alumbró. 

No quieras eon tu llanto conmoverme 
Todo es inútil, se acabó mi té; 
No puede tu inocencia convencerme 
Que en la bondad un Limite se vé. 

Yo fiel a tus palabras mentirosas 
La aurora de la dicha entreveía; 
Las aves me alagaban melodi< - - 
El dulce arroyo mi sentido hería. 

T< do feliz moraba en el contento 
Para mi de desdicha no era el mundo; 
Todo brindaba súbito portento 
Fué todo engaño y malestar profundo. 

No desgarren mis fibras una a una 
Tanta maldad cual siente el corazón; 
Venga el olvido, venga, que ninguna. 
Digna es que vibre ya por su ilusión. 



— 158 — 



"BIJOU" 



Dá mi pié un gran topazo — sin querer por supuesto- 
en la pata maciza de un mueble milenario ; 
y c Bijou" que descansa, debajo del armario. 
me rezonga su enojo, defendiendo su puesto. 

Intrigado, investigo el origen del gesto, 
— pues de filosofía revisto mi santuario — 
y contempla mi vista, así como un osario, 
con tantos desperdicios como el perro allí ha puesto. 

Un trozo ensangrentado su garra aprisionaba, 
y, haciendo que dormía, vigilaba su presa 
en ensueños perrunos, lejanos, su cabeza. 

Más el intruso vino y tal golpe bastaba. 
— apesar de que su amo con mimo lo guardaba — 
para ahogar en su ira la flor de su nobleza. 



— 159 — 



RUEGO 



•A qué buscas, ingrata, de otras playas 
«•1 blando arrullo en sus mentidas ondas. 
filando la mía. serena 
te brinda dulce abrigo' y franca arena; 
y Jas nevadas blondas 
divisas extender, ruando austro arruga 
el veleidoso manto de Neptuno, 
y eres en e] ganar tú quien madruga .' 
Que, ¿no escuchas de mi musa 
el eco triste, su doliente estrofa, 
y las rizadas telas desplegando, 
'•nal desposada alegre 
que. en gala revistiendo su hermosura, 
nnda el azahar purísimo a Himeneo 
•'1 e-asto templo su virtud llenando; 
te aprontas a partir al mar sediento, 
sepulcro de cadáveres sin cuento? 
¡Desecha tu ilusión! No en otras tierras 
<-on el sincero amor del compatriota 
te halagarán. Tan sólo 
las Parcas jugarán con tu destino, 
así aguzando ariete 
que el mis mo mar oeulta ; 
y antes de terminar en tu eamino 
mueras allí.- y en ignorante Lethe 
sin gloria y sin blasón vas sepultada. 

Ya en áspero ascender el ancla miro ■ 
tu chu¿ma en triste son mutua se alienta; 



— 161 



y oculta tempestad veo, contenta, 

acechando tu paso 

tendida en el ocaso. 

De eléctrico puñal sus resplandores 

• pie cu la cobarde hazaña es instrumento 
al divisarlos presa de temores 

p<>r tí, bajel, yo soy. 

Tregua, tregua ¡oh, dolor! Tregua un momento, 

quita tu despertar; cien-a la herida 

• pie abriste en mi pecho acongojado, 

y al estupendo impulso con que elevas 

la vil arena de] candente suelo 

a] éter puro del empíreo helado, 

préstame alientos 

con qué llegar a tan serena cima. 

Los humillados vientos 

presurosos llegando 

suban allí sublimes entonando 

suave murmullo que ensalzó otro día 

de divino Jehová su gloria al hombre: 

y uniendo en armonía 

el himno celestial en su alabanza 

el universo atónito me nombre. 

Tal ésta fué la condición humana 
de un siglo en otro en pos. Tal es de vano 
el ser que miserable medir quiere 
del alto Dios la gloria 
el poder soberano ; 
tal ésta fué la presumida Historia. 
Que vi la falsedad del mundo entero 
tender el ala de invisibles males 
de un polo en otro polo, 
de un mar en otro mar. Yo. ignoto y solo, 



— 162 — 



forcejeé con la fuerza de mi sino 
y e] triunfo contemplé sonreirme; y luego, 
sentí en mi alma su agradable fuego. 
.Mas. pronto se apagó nave querida; 
toilu se fué como se vá en la vida. 

Así mira a tu frente, no desdeñes 

«'1 ruego placentero que hoy te envío ; 
que siempre mi amistad fué a tí sincera. 
Vé. nunca pasagera 
guarda en su poderío 
Océano implacable la acción tuya: 
que rasgas con tu quilla poderosa 
• J n la quietud la onda 
y en la borrasca la montaña airosa. 
Vete nomás ; pero al tornar un día 
recuerda que aquí siente tus olvidos 
quien siempre te cifró mis ilusiones 
del vulgo rechazado. 
Mira mi lira rota : 

el plectro confundido en sus despojos: 
ya no saldrá una nota 
en une cante siquiera mis enojos. 
; Adiós Mundo feroz, soy tu poeta 
para cantar tus glorias acabadas: 
;<>h. nave: /no me escuchas? ¿Enlutadas 
no miras mis campiñas halagüeñas, 
y las lejanas peñas 
olvidas que serán tu desventura?. . . 
; Pliega tus velas donde sean amadas, 
que aún gratas te han de ser por sepultura ! 



— 163 — 



BROCHE 



La filigrana de mi sentimiento 
•sobre tu frente pura, alabastrina. 
orfebra la aureola peregrina 
que exorna el amoroso pensamiento. 

Plena de gloria en tan feliz momento 
devuelves besos mil ¡ mientras, divina, 
del Arte redentor la luz culmina 
dando a mis ansias generoso aliento. 

Por eso son mis versos mensajero» 
que van hacia tu altar en un derroche; 
y. aunque broten en ásperos senderos 

en las tormentaciones de mi noche, 

gozan la esplendidez de tus luceros 

al posar tu en mi llaga como un broche. 



— 165 — 



INDICIA 

Págs. 

ETERNIDAD V 

DEDICATORIA 3 

Valores \) 

JBJ soneto 11 

No haber nacido pájaro 13 

Fe 17 

lleudo 19 

La visión de] poeta 21 

Falsa vida 25 

K.sMifo 27 

Ensoñación 2!* 

Elegía 33 

l ii vaso de cerveza 37 

Ella 3'.' 

Mi nueva religión 41 

El dolor de -Jesús 43 

Drama 45 

A una estrella enante 47 

La murga 49 

Triim • 51 

Se han burlado hija mía 53 

Trova galante 55 

Ya estoy cerca de tí. patria .37 

Resmres'x 63 

Amado Ñervo 65 

A Lucila 67 

Aeda filósofo 6ÍJ 

Solo adorando 71 

Espectros 73 

El matón 77 

Lucha interior 79 

Nunca seré instrumento 81 

Un beso 83 

Yo soy la roca 85 

Profesión 87 



p, 



& 



Nubes pardas 89 

Crédulo !»1 

¡velt !)o 

Pastoril 95 

España 97 

Quinteros 101 

Talióu 105 

El fúnebre 107 

1 le otro t i «ii i j ><» 109 

Ultimo 111 

Alberto 113 

Eterno carnaval 115 

Proscrito 117 

Áspid 119 

Vieja canción 1-1 

Ciega 123 

.Magnitud. . 125 

¡ion 127 

K santo amor humano 12!» 

Italiana 131 

Napoleón 133 

Carnaval 1919 135 

Quijote l :> -7 

Suicida l ;) >'-> 

Esperanza, «-res nube 141 

Ayer y hoy 143 

Frente a la vida 145 

De Dié l-± 7 

Virtud exceda 149 

Para «'1 abanico 151 

Artigas 153 

Arcano 155 

A una joven Frágil 157 

"Bijou" 159 

Ruego 161 

Broche 165 



BJNDJiív* ¿ZCT. NOV 16 1972 



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Jornadas 
F764J6 






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